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La iluminación en casa importa, y mucho. El led y los sistemas domóticos permiten adaptarla a nuestros ritmos vitales para que nos ayuden a activarnos o relajarnos

Un ‘fast forward’ de un minuto en el que amanece, se eleva el sol, cae y anochece. Es la propuesta de la arquitecta Marta Sánchez Zornoza quien, en la reciente edición de Casa Decor y mediante la tecnología domótica de la firma Niessen, reproducía en un espacio escenas que se corresponden con diferentes franjas horarias del día y actividades como meditar, activarse, relajarse, soñar… 

El objetivo era “generar distintas sensaciones y demostrar lo importante que es la iluminación dentro de un proyecto de vivienda”. Si le preguntan cuál es la temperatura ideal para estar a gusto en casa, fijo que su respuesta rondaría entre 22 y 24 grados. En términos de bienestar, también podría contestar con otra variable que igualmente se mide en grados: la del color de la luz, y de ella depende también que el suyo sea un hogar, dulce hogar.

Corrobora la idea Alfredo Berges, director general de ANFALUM (Asociación Española de Fabricantes de Iluminación): “Cuando me preguntan por dónde empezaría en una casa, siempre aconsejo lo mismo: cogería papel y lápiz y dibujaría lo que voy hacer en cada espacio, cuáles son mis costumbres… para a partir de ahí decidir el alumbrado. Se suele invertir mucho en los muebles y no tanto en la iluminación cuando una porción de nuestro bienestar y salud futura está ligado a ella”.

Bien estudiados están los efectos de la luz sobre el rendimiento en entornos laborales o en la recuperación de pacientes en hospitales, por poner dos ejemplos, pero el hogar es territorio inexplorado: el gusto personal manda tras la puerta de entrada.

La irrupción del led y la domótica abren un mundo de posibilidades gracias al control y la modulación que ofrecen. Esa revolución se relaciona con el concepto ‘Human Centric Lighting’, que trata de vincular la iluminación al ser humano adaptándola a cada momento y situación.

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Fernando Mugarza, médico y director de comunicación del IDIS, cita estudios que ponen de manifiesto que las emociones pueden ser más intensas en un entorno en el que predomina la luz brillante; por el contrario, una iluminación de menor intensidad, más cálida, tiende a suavizarlas. También es conocido que una luz azul estimula las conexiones neuronales, mejora el estado de alerta y por lo tanto el rendimiento del cerebro y el estado de ánimo en particular.

Bajo el foco

Asumiendo la realidad (que pasamos el 90% del día en interiores, según datos del informe elaborado por LightingEurope en 2015), lo deseable es reproducir en la medida de lo posible el dinamismo de la luz natural que evoluciona a lo largo de las 24 horas y los efectos que tiene sobre nuestro ciclo circadiano: amanecer con luz fría que va incrementando en intensidad, a lo largo del día ir pasando hacia una más cálida y disminuir la intensidad a última hora.

Al hablar de la luz más adecuada para cada estancia hay que considerar la temperatura de color que se mide en grados Kelvin. La más fría (azulada) es idónea para tareas que exigen concentración, para estudiar y trabajar; las más cálidas (amarillentas) son perfectas para relajarse y descansar. En función de ello se puede hacer un esquema casero como el de Philips que ilustra esta página. “Al levantarte por la mañana vas a pasar de la somnolencia a la actividad, necesitas una luz intensa, azul, que te estimule. En el baño recomendamos un nivel medio, neutro, desde 3.000 K, igual que en la cocina, donde necesitas precisión y contraste para trabajar con los alimentos”, apunta Alfredo Berges. Otro cantar son salones y dormitorios, ahí la apuesta es por la calidez con luces más amarillentas, sin superar los 3.000 K.

En casa

Berges hace un símil entre los entornos laborales y el hogar. “En un centro de trabajo se busca la luz más adecuada para favorecer la concentración, el rendimiento, la seguridad si hablamos de una fábrica… Pues de igual forma tener un ambiente lumínico confortable en un domicilio influye en el bienestar, las enfermedades, el confort visual, en menos estados depresivos, más capacidad de comunicación…”.

En el mercado existen soluciones que ofrecen distintos tonos de luz blanca para apoyar las rutinas diarias, actuando, según la marca, de la misma forma que la luz natural del día como ayuda para concentrarnos o relajarnos.

El sistema free@home es una propuesta domótica de Niessen que incluye control por voz y que permite por ejemplo programar que las persianas se levanten a una hora concreta y se encienda una tenue luz en nuestra mesilla de noche simulando el amanecer. Así nuestra propia casa intenta despertarnos de forma más natural.

Fuente: http://www.elmundo.es/vida-sana/bienestar/2017/06/29/594d1be146163fd3758b456e.html